Querido señor presidente, salga a dar una vuelta conmigo. Hagamos como que usted y yo somos sólo dos personas normales, y que usted no es mejor que yo.
Me gustaría hacerle algunas preguntas, si es que podemos hablar honestamente. ¿Cómo se siente cuando ve a los indigentes en la calle? ¿Por quién reza en las noches antes de ir a dormir? ¿Qué siente cuando se mira al espejo? ¿SE SIENTE ORGULLOSO?
¿Cómo logra dormir cuando el resto de nosotros llora? ¿Cómo logra soñar sabiendo que una madre no tuvo la oportunidad de despedirse? ¿Cómo camina con la frente en alto? ¿Es capaz, siquiera, de mirarme a los ojos y decirme POR QUÉ?

No hay comentarios:
Publicar un comentario